
A todos los que aman el Uechi-ryu, Feliz 2011.








Fernando es un Karateka dentro y fuera del Dojo, que está profundamente influenciado por los valores morales del Karate y que además, por sus concretas características y experiencia personal y laboral, conoce bien aquello que es efectivo y lo que no es, no hace falta explicarle las peculiaridades de una contienda real, y por todo ello es un auténtico orgullo recibir una petición suya para impartir enseñanzas en su escuela.
He disfrutado junto a mi familia de un paraje increíble, de la gastronomía local, del vino de la Marina Alta, de la compañía de un buen Karateka y su agradable esposa, y he visitado un Dojo como los de antes, que me esperaba con un pequeño grupo pero con unas ganas inmensas. Fernando me agradecía el miércoles ante sus alumnos el asistir de forma desinteresada, pero como le dije también allí, bien se puede ver que no fue desinteresado, tendría que haber pagado yo por todo esto.
Por la tarde, y ya en El Álamo, daría inicio el seminario con Kuno Shihan organizado por José Cifuentes, instructor de los Shibu Dojo de Madrid, donde se dedicó la práctica totalidad de la sesión a los pequeños pero importantísimos detalles del Kata Kanshiwa.
El Maestro Kuno explicó las características de cada movimiento, así como el traslado y la utilización de los ejes, de un modo excepcionalmente gráfico, lo que llevó a que las dos horas de práctica parecieran en los participantes tan solo unos minutos. En palabras de Fernando, y que hago mías, aún si no hubiéramos practicado nada más en todo el curso habría valido la pena sobradamente, y nos hubiéramos dado por más que satisfechos.
A mi juicio, es cuando se conocen estos detalles cuando el Kata adquiere verdadera vida, un sabor que lo separa de las ejecuciones aprendidas solo a partir de la copia de una serie de movimientos, sin tener en cuenta aquello que se esconde en la forma, reflejo de una auténtica transmisión.
Por la noche, “Cifu” tenía todo preparado para compartir una agradable cena, donde ni la interrupción inesperada del monologuista distrajo la atención del tema principal en las conversaciones, nuestro Karate y todo lo que lo rodea.
Así, pasada la media noche, pudimos despedirnos hasta el día siguiente, donde alumnos de Madrid hicieron gala de una gran cortesía y se prestaron a recogernos en el Hotel para acompañarnos hasta el lugar de práctica. Detalles como éste, y muchos otros, hicieron que nuestra expedición se sintiera como en casa y mostraron la calidad humana de este grupo, que se comportó como perfectos anfitriones.
La sesión del domingo se dedicó especialmente a los planteamientos técnicos y estratégicos del Kumite en Uechi-ryu.
En todas las técnicas, y del mismo modo que se mostró el día anterior en Kanshiwa, el Maestro desglosó los movimientos o partes del cuerpo que sirven de activación para las ejecuciones, continuando con el trabajo de los ejes corporales, pero esta vez ya aplicados al combate.
Además del trabajo de ejes descrito, perlas como la distancia correcta y los pasos de activación, la defensa y ataque simultáneo, la utilización de la caída del cuerpo y el puño descendente, el ángulo, distancia y área del golpeo en Keri Waza, técnicas de anticipación características, o nuestro peculiar Uchi Mata.
Un arsenal técnico que no se desvía lo más mínimo de los principios fundamentales del estilo, y para el cual es cierto eso de que “el mejor en Kata debería ser el mejor en Kumite”, siempre y cuando Kata y Kumite sean practicados correctamente.
El seminario llegó a su fin, y casi entrada la noche llegábamos a Valencia, donde ahora el reto consistirá ahora en no olvidar lo aprendido y mantener las sensaciones en nuestro entrenamiento diario.
Finalizado el entrenamiento, pudimos compartir mesa con nuestros primos hermanos del grupo de Hung Gar, que casualmente se encontraban de seminario con Gabriel Soler, practicante de la rama Tang Fong de Hung Gar Kuen y alumno del tristemente fallecido maestro Chao Wing Tak.
He de decir que estoy feliz por haber podido unir en la comida a las familias en Valencia de ambos estilos, y disfruté de verdad de su agradable compañía.
Especialmente, me agradó comprobar que mi visión, más bien romántica de las artes marciales, se compartía también dentro del grupo de Hung Gar y que, como yo, todavía hay verdaderos apasionados del “Kung Fu familiar de los terrados”.
No será, seguro, la última vez que nuestros caminos se crucen.
En la imagen: grupo participante con la excepción de Zhongtan Jian, encargado de preparar la comida, por lo que tuvo que marcharse antes.